Friday, December 18th, 2009 |
Pablo Alvarez Silva
La frase del título, muy tradicional en la prosa española aunque de origen prácticamente desconocido, viene muy bien para responder a la pregunta que se hacía Javier respecto al último “cavas&twitt”: ¿Ha muerto la publicidad tradicional?
Para empezar deberíamos hacer el esfuerzo de definir con más precisión lo que significa “publicidad tradicional” ya que de lo contrario caeríamos en la misma trampa en la que cayeron los historiadores al dividir la historia de la humanidad en épocas. Desde que entramos en la Edad Contemporánea, a fines del siglo XVIII, no salimos más de allí. ¡Y vaya si hemos cambiado!
Desde mi punto de vista, “publicidad tradicional” podría definirse como el conjunto de medios y prácticas más generalizadas en la comunicación comercial de un período de tiempo concreto.
Desde la Edad Media hasta la Edad Moderna la publicidad tradicional era el voceo en la plaza pública de versos, muchos de ellos de gran calidad creativa, y la distribución de impresos desde principios del siglo XVI. La Edad Contemporánea se inició con un gran protagonismo de los carteles, de una calidad creativa tan impresionante que aún hoy nos resultan atractivos, y continuó con la publicación de avisos en diarios y revistas hasta el surgimiento de la radio y posteriormente la televisión. En todo ese tiempo siguieron habiendo vendedores ambulantes pregonando sus ofertas en la plaza pública.
¿Qué es lo más llamativo? Que los períodos de tiempo para definir la “publicidad tradicional” son necesariamente cada vez más cortos. No podemos definir la publicidad tradicional de la Edad Contemporánea sino que deberíamos hablar de la publicidad tradicional del siglo XIX, después tendríamos que hablar de la publicidad tradicional de la primera mitad del siglo XX y luego de la tradicional en las décadas 50/70, en la década de los 80/90 y terminar con la publicidad tradicional del primer lustro del siglo XXI.
En definitiva no hay, ni nunca hubo, una “publicidad tradicional” que muere y otra nueva que nace. Hay una evolución constante que, por cierto, es cada vez más veloz.
A juzgar por el post de David sobre el último EGM, en España, deberíamos hablar hoy de la publicidad tradicional de 2008/2009.
Porque resulta que 2008 marca en España el año en el cual Internet supera a los suplementos y 2009 el año en que se equipara con la prensa. La tendencia del crecimiento de internet, además, es tan bestial como elocuente.
¿Pero qué más podemos observar en el gráfico que subió David? Que el resto de los medios siguen una curva de penetración más o menos lineal y constante. Internet crece por si misma y no a expensas de otros medios. Es el fenómeno cada vez más difundido de estar mirando TV con el ordenador en la falda, buscando el libro que nos llevaremos para las vacaciones, mientras contestamos un sms, suena de fondo alguno de nuestros temas preferidos en spotify o itunes y recordamos el titular del día de nuestro periódico favorito.
¡El Rey ha muerto. Viva el Rey!
El célebre vítor del pueblo británico frente a la muerte de cualquiera de sus reyes es bien ilustrativo del ánimo que muchas veces campea en cuanta discusión se presenta respecto a los medios off Vs los medios on o entre los representantes de la “publicidad tradicional” y los de la “publicidad digital”.
Ese viva que nuestra tradición hispánica ha recogido en el refrán “A rey muerto, rey puesto”, de una inteligencia impresionante y perversa, significaba nada más y nada menos que podía morirse el rey pero nunca moriría la monarquía.
Y tan es así que los portavoces de los medios digitales pregonan la muerte del viejo Rey e inmediatamente proclaman al nuevo. ¡El Rey Televisión ha muerto! ¡Viva el Rey Digital!
Mi posición, personal y profesional, no es contraria al rey. Es contraria a la monarquía.
!Es que la revolución tecnológica termina con los reinados¡
Esa es la gran batalla que están dando las TICs. Infinidad de medios, infinidad de soportes, infinidad de audiencias, infinidad de formas de ver TV, infinidad de alternativas para escuchar radio, infinidad de soportes en los que leer un libro, infinidad de espacios en los que almacenar música, infinidad de tiendas en las que comprar, infinidad de información disponible, infinidad de juegos e infinidad de recursos. El infinito no admite reyes. Ni de los viejos, ni de los nuevos.
Si bien me quedo con ganas de seguirla la voy a dejar por acá para no aburrirlos.
¡La publicidad vive y lucha! ¡Hasta la victoria siempre!
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